El 5° Concurso de Fotografía del Memorial de Paine nos conmovió profundamente. Las imágenes seleccionadas no solo destacaron por su fuerza estética, sino por la potencia de las historias que contienen y los derechos humanos que interpelan. Cada obra logró trascender la imagen para transformarse en memoria, denuncia y reflexión.

Pero ¿quiénes están detrás de la cámara? En esta nota presentamos a las y los fotógrafos ganadores, junto al sentido que atraviesa sus trabajos.

Primer Lugar

“Mujeres Asháninkas rescatadas de campamentos narcoterroristas”
Derecho a la reparación y a la máxima protección
Teodomiro Roly Ortiz Mendoza – Perú

Fotógrafo asháninka nacido en Mazamari, región Junín, Teodomiro Ortiz construye su trabajo desde la memoria de su pueblo y su experiencia vital en un territorio marcado por el conflicto armado interno peruano. Hijo de una víctima de la violencia terrorista, encontró en la fotografía una herramienta de comunicación, memoria y resistencia.

Su obra retrata a cuatro mujeres asháninkas que permanecieron más de treinta años cautivas en campamentos de Sendero Luminoso, sometidas a trabajos forzados y violencia sexual. Rescatadas en 2015, fueron acogidas en la comunidad de Shimabenzo, sin recibir una reparación integral por parte del Estado. La imagen visibiliza no solo el horror del cautiverio, sino también las deudas pendientes en materia de justicia, reparación y acompañamiento.

Para Ortiz, la fotografía es una forma de honrar la resistencia de su pueblo y de disputar el olvido impuesto sobre estas historias.

 Mención Honrosa

«La montaña del olvido»
Derecho a un ambiente sano
Rolando Iván Paz Díaz – Bolivia

Originario de la ciudad de El Alto, Rolando Iván Paz es diseñador gráfico y fotógrafo, con una mirada profundamente influenciada por los mercados populares y la vida cotidiana de su ciudad. Su trabajo busca capturar la dignidad de lo cotidiano y revelar realidades muchas veces invisibilizadas.

“La montaña del olvido” documenta el comercio de ropa usada y objetos de segunda mano en la Feria 16 de Julio, uno de los espacios comerciales más grandes de Bolivia. La acumulación de desechos se convierte en una metáfora del consumo global y sus contradicciones: lo que unos descartan es el sustento diario de otros.

La obra invita a reflexionar sobre justicia ambiental y social, cuestionando cómo garantizar el derecho a un ambiente sano sin desconocer las condiciones económicas de quienes viven del comercio informal.

Rebeldía Visual

“El cura contra todos”
Derecho a la protesta
Juan Carlos Amadeo – Argentina

Fotógrafo argentino formado de manera autodidacta y en el Foto Club Buenos Aires, Juan Carlos Amadeo ha desarrollado ensayos sobre trabajadores rurales, oficios precarizados y figuras de la memoria argentina.

Su fotografía retrata una marcha de jubilados que se realiza semanalmente en Argentina para exigir pensiones dignas, protestas que suelen ser reprimidas. En la imagen, el padre Paco aparece rodeado por fuerzas de infantería, convirtiéndose en símbolo de resistencia frente a la violencia estatal.

La obra denuncia la criminalización de la protesta social y visibiliza la lucha de las personas mayores por derechos básicos.

Mención Honrosa

“El tiempo en los postrados”
Derechos fundamentales de las personas mayores
Paloma Ossa – Chile

Cientista política chilena, con formación en memoria, género y derechos humanos, Paloma Ossa ha explorado la fotografía desde investigaciones sociales y culturales.

Su obra retrata a su abuela Rosa, postrada hace casi una década. Detrás de ella, un reloj marca el paso del tiempo, generando la sensación de que, para las personas postradas, el tiempo se detiene. La imagen interpela sobre el cuidado, la vejez, la dignidad y el abandono silencioso que enfrentan muchas personas mayores.

A través de una escena íntima, la fotografía abre una reflexión profunda sobre los derechos fundamentales y el valor de una vida que sigue siendo plena, aun en la inmovilidad.

Las obras premiadas en esta quinta versión del Concurso de Fotografía del Memorial de Paine reafirman el poder de la imagen como un lenguaje capaz de denunciar, conmover y activar memorias que incomodan. Desde distintos territorios y experiencias, las y los fotógrafos nos invitan a mirar de frente realidades marcadas por la violencia, la desigualdad y el olvido, pero también por la resistencia y la dignidad. En cada fotografía, la memoria se vuelve un acto vivo, que interpela al presente y nos convoca a seguir defendiendo los derechos humanos como una tarea colectiva e irrenunciable.