Un oso peluche, unos anteojos, un juguete lego, Bon Jovi en la portada de una revista, una manzana, una guitarra. Todos son objetos y adminículos que se exhiben en el Museo de la Infancia en Guerra, de Bosnia Herzegovina.

El museo “funciona como una plataforma de relato, un recorrido de sanación que trae al presente las experiencias de la infancia en zonas de guerra y apuesta a la reconciliación y el diálogo”, explica Amina Kravac, directora ejecutiva del museo.

“Son objetos para resaltar las memorias. Hablan de los aspectos de la paz y la juventud en guerra, entregan perspectivas sobre cómo fue la guerra, desde el punto de vista de los niños”, dice Kravac, apoyada por una imagen de lo que se exhibe en el museo, además de armas en desuso utilizadas durante la guerra que terminó con la disolución de la antigua Yugoslavia, durante el primer lustro de la década del ’90.

 

 

 

 

 

A casi 9 mil kilómetros de allí, en Ruanda, la memoria se abre paso en una escuela de paz que es parte de las iniciativas que promueve el Centro Memorial del Genocidio de Kigali, inaugurado 10 años después de que en 1994, en el epílogo del Siglo XX, cuando las “fuerzas de paz” de Naciones Unidas no pudieron o poco hicieron para frenar la guerra étnica-civil.

En apenas tres meses más de un millón de Tutsi fueron ultimados por los Hutu, en lo que se considera una de las masacres más sanguinarias y horrendas ocurridas en la historia de la humanidad. El Centro Memorial del Genocidio está levantado sobre el mismo lugar donde fueron enterrados unos 250 mil Tutsi asesinados en ese sangriento período.

“Es un lugar de memoria y también de entierro de las víctimas, un lugar para el aprendizaje y la sanación”, explica Natasha Uwimanzi, coordinadora de programas educativos y recorridos del espacio.

Se trata de experiencias de trabajo que como Memorial Paine nos mancomunan, pese a las distancias geográficas, y de las que pudimos tomar nota durante el seminario en línea (webinar) Infancia robada: cómo ayudar a los jóvenes a pasar de caminos dolorosos a futuros prometedores, celebrado este jueves 16 de julio por iniciativa de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia.

El encuentro permitió conocer de primera fuente la labor que se realiza en esas latitudes y acercarnos a experiencias que dan cuenta de acciones educativas que, con la memoria como herramienta, apuestan a potenciar procesos formativos entre las nuevas generaciones, en la perspectiva del Nunca Más

A cargo de Diego Cabezas, coordinador de educación de Memorial Paine, tuvimos la oportunidad de participar y dar cuenta de nuestro trabajo con niños, adolescentes y jóvenes que visitan el espacio (en la actualidad, excepcionalmente cerrado al público por la pandemia), con quienes vamos vinculando experiencias del pasado con el presente, a través de visitas guiadas, talleres de mosaicos y cartillas educativas.

Esa labor busca, precisamente, la no repetición de episodios represivos como los que tuvieron lugar en Paine y que terminaron con la vida de los 70 hombres que recordamos en el memorial.

“Con los mosaicos se busca acercar a esta historia, a estos niños y jóvenes que  no vivenciaron directamente estos hechos traumáticos, con el arte como un recurso importante del trabajo educativo, que les permite a ellos acercarse e ir reconstruyendo esa historia, e ir conociendo a estas personas”, indicó el coordinador de eduación de Memorial Paine, durante su intervención en el seminario.