Con ocasión de la conmemoración del Día del Estudiante, compartimos algunas reflexiones del joven estudiante Rodolfo Rivas Lazo. Hijo de la presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados de Paine, Flor Lazo, el año 2019 Rodolfo terminó siendo expulsado del Instituto Nacional, la “suerte” que corrieron muchos otros adolescentes y jóvenes, -particularmente de ese emblemático establecimiento educacional-, en represalia por su activa participación en la organización estudiantil (Centro de Alumnos) y las movilizaciones, durante uno de los años “más complicados que nos tocó enfrentar”, dice Rodolfo, previo al estallido social del 18 de octubre.

Nieto, sobrino y sobrino nieto, respectivamente, de cinco de los setenta Detenidos Desparecidos y Ejecutados de Paine, Rodolfo nos comparte una clara lectura de ese momento. Un pasaje en que el movimiento estudiantil parecía arrinconado y la represión policial aumentaba, con especial encono hacia el Instituto Nacional, allí, a apenas tres cuadras del Palacio de Gobierno.

“Como esto fue antes del estallido social, lamentablemente no contábamos con apoyo.  En ese momento, realmente, nos sentíamos solos y enfrentando una situación desastrosa.  Las cosas habían cambiado, ya no era lo mismo que el 2001, la represión había aumentado. Desde tener lleno de pacos, tres o cuatro piquetes afuera del colegio, que entraran una vez a la semana, que se llevaran detenido a cualquiera, que estuvieran arriba de los techos. Esa fue una de las cosas más complicadas, porque nos impedía concentrarnos. Yo recuerdo estar en mi sala muchas veces, y mirar hacia arriba y ver a los pacos en las cornisas, vigilándonos”, describe.

“Ejemplo de lucha y esperanza”

Para Rodolfo la esperanza sigue en pie. Su reflexión tiene asidero en lo que vino después con el estallido social del 18 de  octubre, cuando los estudiantes secundarios retomaron el sitial histórico que siempre han ocupado. Los “pingüinos”, una vez más, volvían a sacudir a modorra social en que vivía el pueblo chileno y fueron clave en el impulso del vuelco popular en las calles.

“Lo que fue sucediendo entre 2010 y 2019, fueron pequeñas explosiones de este descontento social. Tenemos el 2011 con marchas estudiantiles, que continúan el 2012. Luego, el 2013 se reduce un poco. Y el 2019 nos encontramos con esta disyuntiva: que un liceo con alumnos de 3° y 4° medio se aburren de la represión y de la no respuesta a sus demandas y todas las demandas”, recuerda.

“La acumulación de eso, desde el 2011 en adelante, eso generó un estallido de violencia. Y eso mismo le sucede a la sociedad chilena, a este país. Cuando van avanzando las movilizaciones, cuando vamos viendo que no hay respuestas. Cuando vamos viendo que la gente entiende lo mismo que entendieron todos los estudiantes que sufrieron la represión más violenta: que tenían una razón, la misma que se vio el 18 de octubre.

“Logramos mucho dentro de la toma. Pero si hay algo que nos hacía permanecer allí, sabiendo que iba a haber represalias, que iban a expulsarnos, era que en ese tiempo, uno llegaba al liceo, y cuando la gente veía el lienzo en el frontis del liceo, la gente nos miraba, aplaudía, nos apoyaba, venía a conversar con nosotros, a comentar, a preguntarnos”, advierte Rodolfo.

“El estudiante chileno significa para la sociedad chilena un ejemplo… un ejemplo de lucha. ¿Por qué seguíamos cuando nos decían que nos iban a expulsar si no bajábamos la toma? Porque era impresionante ver que la gente ya no te miraba con una cara de rechazo hacia el Instituto Nacional, hacia los “violentos” de  todo el año 2019, sino una cara de esperanza”, recalca.

El futuro y el Nunca Más

Una de los aspectos que conmovió en lo personal a Rodolfo se vincula directamente a las violaciones de derechos humanos ocurridas en medio de las manifestaciones a lo largo de todo el país, a contar de octubre. Junto a su generación no solo fueron los principales protagonistas, sino también testigos privilegiados de la respuesta que el Gobierno y el Estado dio al clamor popular que se expresó en las calles. Hecho de esa experiencia que vivió a fuego junto a sus pares, Rodolfo se muestra optimista respecto del futuro y firme en las razones que del por qué es necesario seguir avanzando.

“Esta situación de pandemia está demostrando los problemas que tiene arraigados el sistema. Es decir, todo aquello que se expresó en el estallido social. Por eso esto tiene que seguir, esto va a seguir. Esa es la opinión y el sentir de los estudiantes.  Esto no se acaba aquí, esto  no termina, es una  pausa. Todos seguimos viviendo la misma rabia, la rabia que aún se ve en una situación de pandemia”, advierte.

“La gente entendió que el terrorismo de Estado se tiene que combatir y no podemos dejar que pase como si nada.  Eso es muy importante. Lo que más pensaba durante el estallido social con la violaciones a los derechos humanos, las mutilaciones, las torturas, es que mi mamá, mi abuelita, mis tías, la gente de Paine, las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados, todas las señoras, los hijos, los nietos, pelearon por más de cuarenta años por algo que aprendí desde tengo memoria: ¡Nunca Más! “, sostiene.

Esa llamita existe plenamente, sentencia.

Foto: Luis Hidalgo Parra (Archivo)