Con una amplia participación de la comunidad se conmemoró por primera vez el sábado primero de diciembre a tres hombres ejecutados en la zona de Santa Rosa y siete hombres, de distintos episodios aislados en la localidad de Paine, así como sobrevivientes de la represión y la violencia política de la comuna.
Este sábado primero de diciembre recordamos a detenidos desaparecidos y ejecutados que no están vinculados a operativos grupales y que no habían sido homenajeados en otras conmemoraciones que se realizan año a año por parte de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados de Paine (AFDDyE) y Memorial Paine. Manuel Silva, Saúl Cárcamo, Ricardo Carrasco, son parte de los hechos represivos ocurridos en el sector de San Miguel, todos en la categoría de ejecutados, son algunas de las personas que recordamos. Así mismo, se reconoció a quienes fueron sobrevivientes de la represión y la violencia política del episodio de Santa Rosa: Patricio Araya, Oscar Carvajal y Gustavo González.
Como señalamos, en esta oportunidad no solo se homenajeó a quienes están vinculados con el sector, sino también a otros hombres que merecen un espacio para que sus familiares los recuerden y rindan homenaje, ellos son: Juan Leiva, Gustavo Martínez, José Gumercindo, Luis Alberto Díaz, Pedro Vargas, Jorge Valenzuela y Cristian Cartagena.
Comenzando la actividad, Flor Lazo, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados de Paine (AFDDyE) se refirió a la importancia de no ceder en la lucha por la verdad y la justicia, así como trabajar por la memoria y los derechos humanos. Le siguió la ceremonia ecuménica conducida por Sergio Allende, quién se refirió a la calidad de militantes de algunos de los hombres a los que se conmemora y la importancia de reconocer la labor política y social que ellos realizaron.



Luego se dio pie a los testimonios. Comenzó Angélica Dávila, sobrina de José Gumercindo para quien la desaparición de “El Chindo” en manos de organismos de represión militar, guiados por latifundistas que vieron amenazado su poder económico, truncó su proyecto familiar que recién comenzaba, ya que había contraído matrimonio tan solo unos meses antes de su muerte. “Sin embargo, este dolor no nos ha impedido exigir justicia”, afirmó.
Angélica añadió que tienen la certeza que el juicio a los responsables de estos crímenes contra la humanidad, incluyendo al estado chileno, es el único objetivo que les permitirá avanzar como familia y agrupación, y debe mantenerse activo mientras no se haga justicia para todos y cada uno de los nuestros. “Pienso que esta lucha es irrenunciable y debe llevarse adelante con firmeza”, sentenció claramente. También se pronunció la hija de Luis Alberto Díaz, Tomasa Díaz, quien apuntó a la lucha como una manifestación del amor, poniendo el énfasis en la importancia de amar al prójimo.
Siguió la Compañía de Teatro La Ventolera, que comenzó su acto nombrando a todos los hombres ausentes a los que conmemoramos. Luego, con 20 minutos de teatro y música emocionaron a los presentes. Finalmente, los familiares decidieron realizar una dinámica con globos. Esta vez cada familiar, al tomar un globo, decía un mensaje para cada una de las personas que recordamos y luego el globo se elevaba al cielo.



¿A quiénes recordamos?
Manuel Silva, era secretario del asentamiento Arco Iris. A sus 45 años fue detenido y se mantiene en calidad de detenido desaparecido.
Saúl Carcamo era estudiante, con un gran compromiso social y apasionado por el arte, quien teniendo 19 años fue ejecutado por civiles y carabineros. Además, su compañero del MIR, Ricardo Carrasco, “el Chiricuto”, líder estudiantil de 19 años, fue ejecutado el 16 de septiembre de 1973 en el callejón Santa Rosa.
Pedro Vargas, fue integrante del MIR y resultó detenido a los 23 años, mientras hacía la fila para comprar el pan. Luego desapareció. Jorge Valenzuela fue uno de los campesinos que conformó el asentamiento Campo Lindo, ubicado en San Rafael de Paine. A los 30 años fue detenido por Carabineros y trasladado a la Escuela de Infantería de San Bernardo. Tanto Pedro, como Jorge pasaron por la subcomisaría de Paine y están hoy en calidad de detenidos desaparecidos.
José Gumercindo, conocido como “el Chindo”, fue detenido cuando tenía 30 años y después de ser llevado al Cerro Chena se desconoce su paradero.
También recordamos a Luis Alberto Díaz, un campesino de 30 años que vivía en el sector de Águila Norte. Fue dirigente del asentamiento El Cóndor y militante del Partido Socialista. Después de ir a declarar de manera voluntaria a la Sub-comisaría de Paine, pero nunca más fue visto por su familia y cercanos.
La labor de los profesores es vital para la transformación de la sociedad. En esta oportunidad también relevamos la vida de Juan Leiva y Cristian Cartagena, ambos profesores que decidieron contribuir con su saber en las zonas más desplazadas y olvidadas de la sociedad, como son las zonas rurales.
El profesor Juan Leiva tenía 33 años, estaba casado y tenía cinco hijos al momento de su secuestro. Trabajaba en el Instituto Politécnico de Melipilla. Estudiaba Filosofía en la Universidad Católica y militaba en el MAPU. Participó en acciones de educación popular como lo fue la alfabetización campesina. Fue detenido por carabineros y civiles, llevado a la subcomisaría de Paine y luego trasladado hacia el Estadio Nacional. Aún continúa en calidad de detenido desaparecido.
El profesor Cristian Cartagena militante del Partido Comunista, al momento de ser detenido tenía dos hijos, fue detenido por carabineros y civiles desde la Escuela Básica de Chada, donde se desempeñaba como director, para ser trasladado a la subcomisaría de Paine. No se le conoce destino final, por lo que se mantiene como detenido desaparecido.
Como vemos, se trata de hombres que, durante las décadas de los 60 y 70, comenzaron a empujar importantes transformaciones sociales en nuestro país, integrando asentamientos campesinos y siendo parte de movilizaciones populares que permitieron cambiar sus vidas y las de sus familias. Por lo mismo, los conmemoramos para reconocer sus luchas, pero también su rol dentro de sus familias, comunidades y de la sociedad painina.