El 16 de julio de 1967 se promulgaron la Ley de Reforma Agraria y Ley de Sindicalización Campesina. Desde este martes 17 de julio y a lo largo de todo el mes Memorial Paine reflexiona sobre qué nos dejó la Reforma Agraria.

 

Ya se cumplen 51 años desde la promulgación de la Ley 16.640 de Reforma Agraria, la que fue sancionada durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y que profundiza la Ley 15.040, dictada durante el gobierno conservador de Jorge Alessandri.

Esta legislación vino a modificar la forma en la que se conceptualizaba el modelo agrícola en nuestro país y constó de varias etapas: la sindicalización, la expropiación de predios, la organización de asentamientos campesinos y la llamada “contra-reforma” con la siguiente represión a los campesinos, que se vivió con mucha fuerza en la localidad de Paine. Además, con la promulgación de ambas leyes (Ley de Reforma Agraria y Ley de Sindicalización Campesina) en nuestro país se conmemora el Día del Campesino cada 28 de junio.

Por esto, desde Memorial Paine quisimos abrir una etapa de reflexión desde este martes 17 de junio hasta la primera semana de agosto, preguntándonos ¿qué nos dejó la Reforma Agraria?  En ese sentido conversamos con Luis Nuñez Maldonado, painino de 69 años, quien participó activamente del proceso de sindicalización y con Mauricio Ibarra, también painino, de 23 años, estudiante de antropología, con experiencias de trabajo temporero.

El momento de la dignidad

Para Luis Nuñez, la Reforma Agraria comienza, primero, con el proceso de sindicalización en Chile. Él vivió con fuerza esa etapa y nos cuenta algunas de sus reflexiones: “Los sindicatos se formaron porque a los campesinos los trataban mal, tan mal que los agarraban a patadas. Los dueños de fundos se bajaban del caballo y los pateaban no más. Los echaban cuando querían y les pagaban el sueldo que querían. Allí la gente se sindicalizó para poder defender los derechos campesinos”.

Según señala Luis, el cambio que produjeron los sindicatos y la organización colectiva fue tremendo: “Fue cambiar toda la vida, porque el trato se transformó. Fue algo grande y en bien de toda la gente, de todo el núcleo familiar, porque a través del sindicato se podía exigir un sueldo y condiciones de vidas dignas”.

En eso coincidió Mauricio Ibarra quién señaló que la fuerza de la sindicalización es uno de los principales elementos a destacar del proceso: “Yo creo que el momento de la Reforma Agraria fue un gran momento, y muchos lo perciben así en retrospectiva, porque fue el momento de tener dignidad, porque se sintieron como sujetos históricos, de que la historia por primera vez estaba en sus manos y eran capaces de haberla construido”.

La continuidad de la Reforma Agraria

Para Mauricio la Reforma Agraria es el eje articulador de Paine hoy en día: “El proceso e Reforma y Contrarreforma como se denomina, fue configurando, poco a poco, toda nuestra localidad: los fundos, el trabajo, ese es el nexo. La Reforma Agraria no fue un proceso acabado, hoy en día está sumamente presente”.

Según explicó Mauricio, la ley de Reforma Agraria nació con el propósito de modernizar el campo chileno y, en su momento, se tomó la determinación de incluir a los campesinos en su organización, pero sostiene que finalmente la integración no fue efectiva: “Se nota que la Reforma Agraria hubiera necesitado un tiempo más de maduración para que hubiera cambiado de verdad el estilo de trabajar y organizar el campo”.

Con esto también coincide Luis Nuñez: “En la Reforma Agraria se le entregó tierra al campesino pero no se le enseñó como tenía que organizarse, cómo tenía que trabajar, porque las parcelas, para mí son igual que una industria y si no hay capital no hay industria. Y eso era lo que pasaba acá. Esa fue la parte mala del proceso”.

En ese sentido Mauricio Ibarra califica la lógica del trabajo individual como una continuidad de este proceso, lo que se expresa, por ejemplo, en el trabajador temporero agrícola: “O sea, si bien la Reforma Agraria trajo muchos beneficios para la gente en su momento, los trabajadores por primera vez sintieron la dignidad y el tener voz, no supo solucionar el problema del trabajo colectivo. Luego, con la parcelación o la llamada contrarreforma, al tener que trabajar solos, sumando muchos factores más como el mercado por ejemplo, los trabajadores no supieron rendir cuenta de sus parcelas y muchos tuvieron que venderlas. Fue esa venta la que les permitió a los terratenientes antiguos, quienes habían perdido sus tierras con la expropiación, y a nuevas empresas del extranjero, venir a comprar las tierras. Por eso digo que así se conformó lo que es Paine hoy: volvimos a los grandes fundos”.

 

Trabajo temporero y falta de organización

Para Mauricio se pueden ver claramente los rastros y las heridas que dejó este proceso, así como la posterior represión a los campesinos que se vivió con fuerza en la localidad de Paine entre septiembre y noviembre de 1973. Para él se marca un precedente negativo que apunta la imposibilidad de los trabajadores de organizarse, lo que es totalmente aplicable al contexto en el que hoy está el mundo agrícola.

Mauricio añadió que: “Incluso desde el mismo Estado y los terratenientes, por decirles de alguna manera, se pone toda la represión a su disposición y todos los mecanismos para seguir controlando a los trabajadores. Yo creo que en el mundo agrícola la movilización es muy baja, por no decir mínima, y también el trabajo temporero te hace pensar que tiene que ser así”.

Su experiencia como temporero le ha permitido reflexionar que todo hoy depende de los ciclos productivos y cómo eso impone una lógica: “Ahora mismo, julio, por ejemplo, es una etapa recesiva, donde no hay trabajo para los temporeros agrícolas y, por lo tanto, eso te induce al pensamiento de que no te puedes organizar con otros trabajadores, porque tu sólo trabajas en temporadas altas. O sea, eres un trabajador propiamente tal desde octubre a marzo y después ya no lo eres”.

Mauricio explica que ese pensamiento juega en nuestra contra: “Yo no veo una Unión Comunal Sindical de Trabajadores temporeros agrícolas de Paine, que podría crearse e ir en beneficio de mejorar un poco las condiciones laborales en las que viven, que tienen a ser jornadas muy extensas, agotadoras, de mucho esfuerzo físico, las mujeres para que decir, ya que no sólo trabajan en el campo, sino muchas veces son mamás y tienen dos trabajos que conciliar”.

En ese sentido Luis Nuñez toma la batuta al afirmar que “el proceso de Reforma Agraria nos permitió valor lo que hubo y lo que no hay ahora. Hoy el campesino está mal, muy mal, no hay sindicatos, no hay quien te defienda, hay mucho contratista, todo es a contrata, no como antes. Dicen que hay sindicatos pero, ¿a dónde están? Cuando hay organización todo sale bien, pero hoy no hay realmente organización. Hay que aprender a organizarse, esa es la enseñanza que viene desde esos tiempos”, destacó.

La postergación infinita del trabajador agrícola

Para Mauricio, el vínculo más fuerte entre la Reforma Agraria y el actual ciclo del trabajo temporero en Paine es la postergación infinita del trabajador agrícola: “Yo creo que más allá de que se hayan dado algunos momentos en los que el trabajador se podría haber incluido, esta fue una inclusión fantasma porque en verdad no se está integrando su voz para incluirla”.

Así, miramos lo que está ocurriendo hoy con el Estatuto del Temporero Agrícola donde se armó una mesa de diálogo entre el Estado, propietarios de tierras y el trabajador agrícola, pero cabe preguntarse si realmente es la voz del campesino la que se está integrando o es una mera consulta de opinión, validadora del proceso de regulación que se pretende modificar. En ese sentido Mauricio nos invita a reflexionar, al ser tajante en sostener que “el aparato represivo se sigue manteniendo, no tiene que ser físico ni directo, se mantiene de distintas maneras”.

Para el Memorial de Paine es relevante abordar el proceso de Reforma Agraria y reflexionar sobre su impacto y consecuencias, ya que los paininos vivieron intensamente este proceso, así como la violencia que se desató posteriormente, en el marco de la dictadura cívico-militar.

De los 70 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos de la comuna, sólo un 30 por ciento tenían alguna militancia política, sin embargo, el grueso estuvo vinculado o participó en asentamientos campesinos y varios de ellos tuvieron liderazgos en estas instancias por lo que se puede afirmar que uno de los elementos que marcó la represión en esta localidad fue justamente las características agrícolas del territorio y su gente.

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